Tras siete años de frugalidad

Tras siete años de vacas flacas para pagar todas la deudas y ahorrar al mismo tiempo, hemos conseguido liquidar todos los créditos y con el dinero reservado, dar la entrada para un piso. Esperamos mucho tiempo para cambiar de coche, hasta que el viejo auto casi se caía a pedazos y literalmente nos dejo tirados en la ruta. Luego conseguimos uno de ocasión en estado impecable, cuyo motor ronronea con el corazón de un león y nos lleva muy bien a todas partes. Lo bueno de conseguirlo de ocasión es que nos permitió pagarlo casi entero también con los ahorros. Y cuando se nos rompió el televisor inteligente de gran pantalla, compramos uno simple en el supermercado por menos de la mitad del precio que funciona de maravilla. Aunque es bien cierto que lo encendemos poco, pues la televisión es una caja boba, ladrona de tus sueños.

No ha sido un camino fácil y a veces es complicado ponerse de acuerdo con la pareja a la hora de ajustar el presupuesto. O dejar en casa la tarjeta de crédito y llevar en el monedero algo de dinero, sólo por si acaso. Pero el esfuerzo ha dado el resultado prometido y hoy estamos libres de deudas y siguiendo las pautas que nos habíamos prometido: poner en marcha el ahorro de precaución y el dinero para el disfrute personal, todo mesurado con la prudencia que nos da el haber aprendido por las malas.

Hoy más que nunca y echando un vistazo atrás, no puedo dejar de recomendar la misma cosa: sé libre de tus deudas y págate primero a ti mismo. Sí, aprendimos por las malas que la consejera del banco se lucraba con las comisiones que nuestra imprudente mania de gastar sin contar, le procuraba. Fue un enemigo muy difícil de vencer: el habito compulsivo de gastar ante cualquier incitación a la compra. Oh, el cerebro sabe muy bien buscar excusas a la hora de inventarse una necesidad.  Y nuestra ingenuidad nos había animado a pensar que los créditos se irían pagando tranquilamente en algún lugar difuminado del futuro, sin penalizar nuestra vida cotidiana.

Sí, fuimos incautos y lo pagamos caro, pues sin saber estábamos vendiendo nuestro tiempo en el futuro, nuestra libertad. Así que, si para algo han servido estas paginas, que sea para prevenir a los corazones imprudentes para que no caigan en este tipo de trampa, y una vez conseguida la libertad, consérvala. No te imaginas cuán preciosa es.

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